Etapa 5. La Puebla de Castro - Broto
Salgo
a las ocho cogiendo una carretera que seguiré durante muy pocos kilómetros y en
la que ya se empieza a notar un ligero ascenso. Me desvío, según marca el
track, a la derecha por un camino que sube por una colina. La pendiente y el
mal estado del camino van haciéndose dueños en un ascenso muy duro que tras
diez kilómetros aproximadamente me llevará a una caseta en lo alto de una
montaña a 1100 metros
y desde donde las vistas son preciosas. Ahí arriba empieza a hacer un viento un
tanto fresco y empapado del sudor de la fuerte subida decido sacar el chaleco
cortavientos para no helarme en el descenso. Continúo por un camino muy suelto,
como el de subida, en dirección de Formigales. Llegado al cruce con la
carretera que lleva a Formigales cojo ésta en dirección contraria a dicha
localidad y ofreciéndome las mismas bonitas vistas llego a Morillo de Monclús
donde quería comprar algo para comer pero no había absolutamente nada salvo una
gente muy simpática con la que merece la pena perder diez minutos charlando.
Sigo, según las indicaciones de un señor y desviándome de la ruta prevista,
hasta Fueva, el sitio que mejor me venia para comprar la comida de todo el día.
Después de la compra y del descanso sigo por la misma carretera en busca de
Aínsa y por la que paso cerca de pueblos como Arro, Gerbe, Las Cambas y Usana.
Como el hambre no apretaba y el calor era soportable decido, una vez en Aínsa,
seguir hasta el siguiente pueblo, Labuerda, para parar a comer. Una vez allí me
encuentro con un señor mayor y un escayolista que me vio a través de un balcón
y no dudó en bajar y preguntarme. Me recomendó que pasara por el valle de Vio y
tras comprobar mi ruta le comenté que pasaba por allí, entonces me adelanto la
belleza de lo que iba a ver. Los 800 metros de ascensión durante casi 19 kilómetros , no muy
duros hasta el final, merecieron la pena pues las vistas eran espectaculares
sin mencionar como mis sentidos disfrutaban rodeados de aquel entorno de
maravillosas sensaciones. Tras salir del valle seguí el ascenso, ahora un poco
más duro, hasta Fanlo, donde tenía que hacer noche, pero cuál fue mi sorpresa
que no quedaba nada donde quedarme. Así que tras la búsqueda tuve que llegar al
segundo pueblo, por suerte carretera abajo, hasta Broto, donde después de
preguntar a una señora pude quedarme en un piso suyo justo arriba de su casa.
Un apartamento precioso y muy bien apañado por el precio de un hostal y
perfecto para mi día de descanso.
Etapa 6. Broto – Castilleo de Jaca
Salgo
de Broto sobre las ocho como siempre, cargado de fuerzas por la misma carretera
por la que llegué hace dos días. Hago un descenso ligero por carretera durante
unos kilómetros en los que el termómetro marcaba 11 grados, sin duda, una
mañana fresquita. Después de desviarme empiezo un ascenso por carretera que en
seguida pasa a ser un camino cada vez más cerrado por la vegetación. Durante la
subida coincido con Pep, un catalán con el que compartí algunos kilómetros de
ascensión pero la diferencia de ritmos nos separó en las zonas más fuertes. Al
final resultaron 30
kilómetros de subida que me llevó a una cota de casi 1800 metros y que solo
en su parte final fue más dura de lo normal. Rodeado de unas vistas preciosas,
desde las que se observaba una gran cantidad de montañas coloridas, decido
parar a comer el bocata del almuerzo. Vuelvo a emprender la marcha y me
encuentro con que una veintena de vacas custodiaban el camino. Se me hacía
necesario apartar alguna de ellas para poder pasar y como había terneros cerca
decido ir campo a través unos metros por si acaso. Una vez pasada la zona de
pasto de vacas, delimitada por unas puertas rudimentarias que hay que abrir y
cerrar cuando pasas por ellas, vino un fascinante descenso, algo técnico en
algunos tramos, en el que sufrí el primer reventón. Una vez acabado llego a
Senegué donde paro a comer, y donde me encuentro con Pep que había seguido otro
camino alternativo y como no tuvo ninguna incidendia consiguió recuperar el
tiempo. Nada mas comer seguimos los dos
juntos por otra ascensión de unos 20 kilómetros que después de otro bonito
descenso no deja en la localidad de Castilleo de Jaca donde finalizamos la
etapa.
Etapa 7. Castilleo de Jaca - Ansó
Salimos
Pep y yo un poco más tarde de lo habitual pues teníamos que comprar algunas
cosas para la bici y hasta las 9 no habría la tienda. Salimos siguiendo el
track para, mas adelante desviarnos hasta Vilanúa, a unos tres kilómetros de
Castilleo de Jaca. Pep compra un par de cámaras y yo una cubierta, bastante
desgastada por los kilómetros y el peso extra. Como cada uno íbamos a un ritmo
diferente y yo quería llegar más lejos decidimos seguir por nuestra cuenta, así
que nos despedimos y emprendo la marcha solo a eso de las 9:30. También he de
decir que Pep iba hacer una ruta alternativa según sus guías que tenía mas
kilómetros de carretera. Después de unos kilómetros cómodos me esperan tres
pequeños puertos de carretera de vez en cuando con mal firme. Aproveché el
descanso entre el segundo y tercero de éstos y paré a almorzar. Al fin todo
esto me lleva a Aragüés del Puerto donde empiezo una ascensión por senda que
solo es ciclable los primeros 200 metros de sus 3 kilómetros
aproximadamente. Las fuertes pendientes, el terreno que costaba subir con un
calzado inadecuado, y el calor sofocante de pasadas las una de la tarde hace
que los ánimos se me vayan por los suelos y coja un cabreo impresionante con
quién hizo esa ruta, no apta ese tramo para ciclistas. Para seguir con la línea
de complicaciones el descenso empieza siendo bastante técnico para acabar en un
camino de piedras que cruzaba varias veces un riachuelo. Como en la plaza de un
pueblo estando ya bastante cansado del esfuerzo de subir la bici a plomo
durante varios kilómetros mientras veo a unos niños haciendo de las suyas en el
cauce del río que pasaba por el pueblo. Después de reponer fuerzas y descansar
un poco sigo en busca de la quinta ascensión del día, un puerto de carretera de
pendiente prolongada pero no demasiado dura. Al final, viendo como había transcurrido
el día, dudo entre seguir o no por una pista o acortar por carretera. Al final,
como no, acabo siguiendo siguiendo la pista, en la que la pendiente va
aumentando a medida que avanzo. Menos mal que solo tiene unos 800 metros para dejarme
en un precioso descenso entre bosques hasta llegar a un desvío. Lo que viene es
un descenso más que complicado, una verdadera y larga trialera con muchísima
piedra suelta que por no retrasar mas el día iba bajando poniendo a prueba la
mecánica. Al final, como era mas que normal, a un kilómetro de acabar rebenté
la rueda trasera mientras el cielo me decía que me diera prisa pues una
tormenta se acercaba. Después de la reparación me quedé sin cámaras nuevas así
que no me la podía jugar y bajé andando el resto de trialera. Al final llegué
por una senda a Arro, localidad anterior a Isaba donde quería llegar. Como estaba
bastante cansado y no tenía ganas de mojarme decidí acabar la etapa allí mísmo.
Etapa 8. Ansó - Roncesvalles
Volviendo
a reencontrarme con la soledad del camino y forzado por el horario de la
pensión salgo a las 8:45 habiendo cargado las pilas. Comienzo subiendo un
puerto precioso de carretera que discurre paralelo al río Belagua y donde el
paisaje es casi inmejorable. La ascensión no muy dura salvo en sus últimos
kilómetros que transcurre por un cañón que en gran medida me recuerda al valle
de Vio en Ordesa. La sombra es la reina pues el sol estaba aún muy bajo para
poder llegar donde me encontraba. Después de un descenso por carretera subo
otro puerto en el que no se ve mas que bosques de pinos y abetos. Seguidamente
un tercer puerto con algún que otro descanso en el que noto que ya nos alejamos
de las grandes cotas pirenaicas divisando éstas ya a lo lejos si volvemos la
vista atrás. Una vez en Abaurrea Alta busco un bar donde comer pero no tengo
suerte, son tan pequeñas estas aldeas navarras que no tienen casi de nada. Sigo
adelante, por suerte todo hacia abajo en busca de Garaioa para sufrir la misma
suerte, así que no me queda mas remedio que volver a seguir para al fin, en
Arribe, encontrar un restaurante, donde sin estar demasiado cansado puedo
relajar unos lumbares que hace unos días tengo un poco doloridos y no me dejan
disfrutar al máximo. Después de comer y del descanso hago un pequeño ascenso de
moderada pendiente que me lleva a una zona mas o menos llana que me deja en
Roncesvalles. La pena del día es que tuve que evitar pasar por la selva de
Iratí, perdiéndome su belleza, ya que no podía arriesgarme a pinchar, así que
hice toda la etapa por carretera. Una vez en Roncesvalles y pensando si seguir
o no un poco mas hacia delante me vuelvo a encontrar con Pep, que no tubo
ningún percance en las etapas.
Etapa 9. Roncesvalles - Etxalar
Salgo
de Roncesvalles después de despedirme, ahora si definitivamente, de Pep. El
camino empieza subiendo y cada vez con más pendiente hasta llegar al punto que
bajo de la bici para subir andando unos 50 metros . Después de
éste duro inicio viene una bajada muy larga entre bosques y de carretera
estrecha. Llevando un rato de descenso empiezo a ver que todos los coches
aparcados al margen de la carretera, de posibles pescadores, eran de matrícula
francesa y entonces caigo en la cuenta que en esta etapa recorría bastantes
kilómetros por terreno francés. Acabando el descenso llego a una carretera más
grande donde, en efecto, todo estaba escrito en francés y donde una señora
intentaba decirme algo que no entendía. Al final deduje que la mujer pensaba
que estaba perdido estando allí parado y me estaba diciendo donde llegaba cada
carretera. Al final le pude hacer entender que no estaba perdido y se fue. A
partir de éste momento inicié una subida muy dura que por lo menos era
asfaltada que en cuestión de unos pocos kilómetros me llevó de los 270 a los 825 metros de
altitud aproximadamente. El siguiente desvío se encontraba justo en la
frontera, en lo más alto de aquella montaña, donde no parecía haber camino sino
un prado en la ladera de varios centenares de metros. Sigo las indicaciones del
GPS confirmadas por unos guardabosques franceses que hablaban entre ellos
Euskera, Castellano y Francés. Después de encontrar el camino algo difícil de
encontrar travesando el prado, empecé a bajar una senda, en ocasiones algo técnica
que finalmente me lleva a la carretera que me haría pasar por el primer pueblo
de la etapa donde almorcé. Después del descanso me esperaba otro duro puerto
muy parecido al anterior pero que en su parte final se convirtió en una senda
muy complicada de subir. Volví a encontrarme con vacas, burros y ovejas y para
no perder la costumbre otra vez el descenso fue una trialera, el GR11, que
prácticamente me llevó hasta Etxalar, el pueblo donde me quedé. Como no tenía
mucha hambre alargué la comida hasta la llegada al pueblo a eso de las tres y
media de la tarde.
Etapa 10. Etxalar – San Sebastián
Empiezo la ruta a las
diez de la mañana, pues cuando me había despertado llovía y decidí esperar
mientras dormía un poco más. Nada mas salir del pueblo me desvío a la derecha y
subo por un camino asfaltado y a veces hormigonado de fuertes pendientes. Bajo
por una zona muy bonita con abundante vegetación a la que me tiene acostumbrado
el pirineo. Subo otro puerto muy parecido a estos últimos que transcurre por
tierras francesas. Después de un bonito y técnico descenso llego a un barranco
a partir del cual volveré a subir para llegar a una zona muy concurrida de
franceses que no se exactamente que es. Sigo por una zona tanto de bajadas como
de subidas, aunque predominan las primeras, por las que paso por un lago y de
vez en cuando puedo divisar, como en casi todo el día de hoy el mar cantábrico
y la costa francesa. Al final llego a una carretera que me lleva a una
población francesa y tras cruzar el río que hace de frontera llego a
Hondarribia, lugar donde paro a comer en el paseo marítimo con unas bonitas
vistas del puerto. Llegados a este punto termino la ruta que venía siguiendo
desde Ainsa (transpirenaica) y sigo por el camino de Santiago del norte. Nada
más acabar de comer sigo el camino, tenía que volver a subir otro puertecito,
una montaña entre Irún y San Sebastián. A mitad de subida me encuentro con dos
ciclistas que estaban preparando el camino de Santiago y al verme me
preguntaron. Los chicos muy agradables me invitaron a una coca cola mientras
les contaba mis pericias del camino que ya había realizado. Por fin llego a San
Sebastián por unas carreteras muy concurridas, típicas de las grandes ciudades,
que tenía ya olvidadas. Por fin encuentro el albergue, en el cual hago las
tareas de siempre.
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