Etapa 11. San Sebastián - Markina
Salgo
del albergue a las 8 retomando el horario habitual y empiezo a subir mientras
acabo de salir de San Sebastián. Me desvío a la derecha por un camino asfaltado
según indica el track que después de unos kilómetros se transforma en una senda
que sube por la cara norte de un monte y a través de la espesa vegetación se
puede ir viendo el mar cantábrico. Una vez salgo de la senda y después de subir
muy poquito mas por carretera empiezo a bajar por una carretera que pegada a la
costa me llevará hasta Zarauz. Almuerzo y aprovecho para cambiar unas pastillas
de freno que ya estaban mas que desgastadas. Sigo el paseo de la playa durante 200 metros mas o menos
para salir por la misma carretera que me llevó al pueblo. Tras varios
kilómetros de carretera pegada a una costa de bonitas vistas subo un pequeño
puerto que tras su bajada me dejará en Deba, lugar donde como tranquilamente en
la terraza de un bar. Después de comer sigo por carretera alejándome de la
costa hasta la localidad de Markina. Hace ya unos días que se empieza notar el
ambiente del camino se Santiago, pero es en éste albergue donde mejor me lo he
pasado hasta ahora ya que nos juntamos una decena de jóvenes con ganas de
pasarlo bien.
Etapa 12. Markina - Pobeña
Después
de la gran cena de ayer y de un buen rato de convivencia con los peregrinos me
levanto hoy mas temprano y mas motivado de llegar al albergue. La ruta de hoy
ha estado bien, mucha carretera aunque algún tramo de senda bastante
complicado. El track que estoy siguiendo se sale muchas veces del camino
original, lo cual supongo que se hará mas fácil aunque debo estar perdiéndome
zonas muy bonitas del trayecto. Paro a almorzar en una plaza de Guernika
después de haber pasado por la zona mas bonita de la etapa de hoy. Justo antes
de llegar a Bilbao también se sube una montaña a través de una senda un tanto
complicada y desde el cual se ven bonitas vistas de la ciudad. Cómo en un
parque pegado al río en la misma ciudad mientras tengo una conversación con un
ciclista principiante. Sigo el camino saliendo de la ciudad por una zona muy
poco vistosa pues pasa por barrios y pueblos que transmiten algo de
desconfianza. Nada mas pasar toda esta zona el camino transcurre por un carril
bici que llega hasta una playa que hay que cruzar para llegar, en seguida, al
albergue de Pobeña. Hoy es el día de Santiago por lo que se celebra invitando a
los peregrinos a una cena en los albergues. Nosotros compartimos mesa con el
alcalde de la localidad que nos cuenta un poco de la historia del pueblo y sus
tradiciones.
Etapa 13. Pobeña - Santander
He
empezado la ruta junto a dos catalanes que conocí en el albergue acompañándoles
hasta las nueve de la mañana por un camino que iba pegado a una zona de pequeños
acantilados. Una vez acaba el camino cruzo el primer pueblo que encuentro el
día de hoy. Llego a una senda que transcurre entre praderas y nos volvemos a
encontrar con la carretera que cruza algún pueblo de la costa con un bonito
paseo y mas tarde unas marismas donde aprovecho para inmortalizar a algunos de
los animales que andan por esas aguas. Aprovecho para comer a apenas 20 km de
Santander en la localidad de Somo en un bar pegado a la carretera. Continúo
siguiendo el track hacia Santander y después de un buen trozo de camino me doy
cuenta que estoy bordeando la ciudad así que busco la dirección del albergue y
después de introducirla en el GPS dejo que me guíe hasta el. Nada mas llegar al
albergue encuentro cinco ciclistas que también acababan de llegar y después de
la ducha me voy con ellos a tomar unas cervezas y a cenar.
Etapa 14. Santander - Cejo
Después
del buen ambiente post-etapa de ayer decido unirme a estos cuatro, ya que uno
de ellos se tubo que ir ayer. Empezamos no con muy buen pie pues el bar que nos
guardaba las bicis abre con una hora de retraso por culpa de un despertador y
empezamos a rodar cerca de la nueve y media. Con nosotros salen dos franceses
que ya me encontré en San Sebastián pero que pronto siguen una ruta diferente.
Antes de salir tuvimos que arreglar un pinchazo y al poco de empezar la etapa
una rotura de cadena de Unai, que le tomaron el pelo y le dieron una cadena
defectuosa. La etapa iba con bastante retraso debido a todos los problemas pero
conseguimos llegar con 50 km
a la hora de comer donde paramos en un pueblo muy turístico, Santillana del
Mar, donde un niño de una excursión quiso hacerse una foto conmigo sorprendido
de mi aventura desde Valencia. Ya desde antes de comer nos estaban empezando a
caer unas gotas que durante la tarde se convirtieron en un buen chubasco. Por
fin llegamos al albergue pero no quedaba sitio, así que tuvimos que seguir
hasta una pensión a 5
kilómetros que fue lo mejor que nos pasó. Por 12 euros
cada uno estuvimos en una casa para los 5 donde nos lavaron y secaron toda la
ropa y desayunamos el día siguiente. En esta pequeña localidad, Cejo, no había
mas que un bar, donde como ya era costumbre nos tomamos unas cervezas. Mas
tarde cenamos y como Unai quería patatas “como para una boda” comimos hasta
reventar. Se nota que son vascos.
Etapa 15. Cejo - Ribadesella
Salimos
de la casa y después de un buen desayuno emprendemos la marcha a las 9. Como ya
viene siendo habitual hacemos muy pocos kilómetros por la mañana. Entre duras
rampas y varias roturas de cadena de Unai y Ager, nos toca recuperar el tiempo
perdido por la tarde. Nunca antes había visto tantas roturas de cadena tan
seguidas. Después de la comida seguimos el camino sin muchas incidencias, algún
tramo más largo de lo esperado por nacional bastante transitada pero nada más.
En cuanto a mi mecánica, a parte de la horquilla, desde hace unos días se me
engancha en núcleo en algunas bajadas, cosa que es bastante molesta pues no
puedo dejar de pedalear. Por suerte, de momento solo me pasa pocas veces. El
camino todo el día transcurre por caminos de tierra y carreteras pequeñas muy
poco transitadas de constantes subidas y bajadas. Una etapa rompe piernas.
Pasamos durante el día por algunos pueblos muy bonitos pegados a las rías y
podemos contemplar unos picos de Europa con algunos restos de nieve en sus
cotas más altas. También tenemos que cruzar a pié una playa pues el camino nos
llevaba por la arena. Menos mal que el trozo es pequeño porque cuesta bastante
arrastrar la bici con todo lo que pesa. Al fin llegamos a Ribadesella por la
tarde, aún nos quedaban unos kilómetros de subida hasta el albergue pero
decidimos tomarnos unas cervezas y una botellita de sidra. Aprovechamos también
para comprar el desayuno de mañana y algo para picar entre horas. Más tarde
vamos a una pizzería en una zona peatonal para cenar. Con los estómagos llenos
y un poco afectados por las cervezas tenemos que subir hacia el albergue
mientras las horas de sol empiezan a agotarse. Tengo que mencionar lo estúpidas
que somos las personas de vez en cuando. El caso es que por la tarde tuvimos
que cruzar un pasto de vacas cercado con un simple alambre en el que advertía
en un cartel que tenía corriente. Como es evidente, teníamos que comprobar
varios de nosotros en nuestras carnes que efectivamente el cable llevaba
corriente. Ya en el albergue, nos encontramos con dos chicas malagueñas, con
las que conversamos un rato antes de ir a dormir.
Etapa 16. Ribadesella - Gijón
Salimos
del albergue, después de despedirnos de las chicas que conocimos ayer, por una
carreterita hacia abajo que en seguida picaría hacia arriba. El camino nos
lleva pegaditos a la costa variando entre carreteras, caminos y sendas como ya
viene siendo costumbre, cosa que lo hace muy bonito y variado. Seguimos con las
averías de siempre y durante la mañana hacemos muy pocos kilómetros. Durante la
comida a Alberto se le ocurre la idea de irse esa misma tarde para no perder
todo el día siguiente de viaje ya que todos ellos menos Ager se tenían que
marchar. Una lástima que tuvieran más tiempo. Al final consiguen sitio en el
autobús donde les dejan subir las bicis y salen hacia Bilbao. Ager y yo
seguimos el camino por lo que sería la zona mas dura de todo el día, dos
subidas con mucha pendiente en las que había zonas de terreno muy suelto y
pedregoso en los que tuvimos que bajar de la bici. Finalmente, en una tarde
calurosa llegamos a Gijón travesando una zona residencial en la que divisamos
un tipo de monasterio muy bonito. En el albergue volvemos a conocer a gente
nueva caminante y a un hombre ciclista con el que, de momento, no entablamos demasiada
conversación.
Etapa 17. Gijón – Soto de Luiña
Salimos
Ager y yo a las 8:30 travesando gran parte de la ciudad en dirección al paseo
marítimo por dónde va el trazado original del camino de Santiago. Una vez allí
seguimos las marcas y salimos de la ciudad por una vieja zona industrial.
Después de unas duras rampas pasamos al otro lado de una montaña y pasamos por
unos caminos entre prados que de vez en cuando pasaban por casitas aisladas y
pueblos pequeños. Como también viene siendo típico, a parte de las subidas y
bajadas hemos tenido bajadas técnicas entre zonas boscosas. Después de unos
pocos kilómetros de carretera llegamos a Avilés donde paramos en una panadería
para almorzar. Tras seguir y subir el puerto mas duro de la jornada llegamos a
Muros de Nalón, donde paramos a comer y conocemos a un vasco caminante que en
seguida se pone a contar chistes. Después de comer seguimos y debido a unas
obras había un desvío provisional del camino que después de varios intentos no
nos ha llevado a ningún sitio pues no se veían más indicaciones así que
decidimos coger la carretera. En seguida salimos de esta nacional muy
transitada para seguir por carreteras secundarias que nos lleva hasta Soto de
Luiña. En este último tramo contemplo con admiración varios viaductos que
vistos desde abajo impresionan mucho. Una vez en el pueblo nos tomamos la
típica cervecita antes de ir al albergue. En éste albergue nos encontramos con
gran cantidad de ciclistas, entre ellos a Luís, con el que ya habíamos
coincidido el día anterior en Gijón. Por la noche ceno en el mismo albergue
mientras el vasco que encontramos en la comida sigue con su recital de chistes,
amenizando la velada. Sin duda otra noche como la de Markina, donde las ganas
de pasar un buen rato pueden al cansancio.
Etapa 18. Soto de Luiña - Ribadeo
Después
de la gran velada de ayer hoy tocaba levantarse de nuevo y seguir con el
camino. Ager y yo teníamos diferentes planes así que cada uno emprende el
camino por su lado. Yo decidí evitar una senda que el hombre del albergue nos
aconsejó evitar debido al estado en el que se encontraba y subí por la
carretera que cruzaba el pueblo, que es donde llegaba el propio camino un poco
más adelante. Después de bastantes kilómetros subiendo y bajando voy
encontrándome con los ciclistas del albergue que habían salido un poco antes.
En una carrera conmigo mismo y queriendo recuperar el espíritu deportivo, sigo
a un ritmo bastante alto y llego a Luarca, donde paro a almorzar un bocata. El
camino seguía por carretera salvo algunos tramos en los que nos desviaba para
volver a ella un poco más tarde. Finalmente, en una etapa de muchísima
carretera y muy monótona, llego a Ribadeo a las tres de la tarde. Como en una
pizzería y después voy en busca de un albergue que según llego, ya estaba
completo, pues era muy pequeño. En seguida descubro que habían habilitado un
pabellón para estos casos, así que me dirijo a él junto con Luis, que me lo
encuentro también en el primer albergue. Después de la ducha salgo con la bici,
ya sin las alforjas, a dar una vuelta por el pueblo y a ver toda la zona del
faro que es muy bonita. Hay un antiguo fuerte restaurado en el cual hay un
museo.
Etapa 19. Ribadeo - Baamonde
Después
de las predicciones de que hoy iba a llover durante todo el día, un sevillano
que también duerme en el albergue nos dice que el tiempo va a cambiar para
bien. Salimos Luis y yo a las 9, por una carreterita comarcal por la que
subimos un puerto pequeño que en su bajada nos sorprende con un citroen 8
aparcado al lado de una casa. Se trata de un coche de 35 años que según su
dueño todavía funciona perfectamente. A las 10, en contra de lo que nos dijo el
sevillano empieza una suave lluvia intermitente que nos hace llegar mojados al
bar donde almorzamos. Después del almuerzo seguimos por el que tenía que ser el
último puerto del día y el más duro de la jornada. El camino sigue yendo por
una carreterita muy poco transitada y en la que nos encontramos con otro
peregrino extranjero que llevaba la casa a cuestas en una bici bastante
rudimentaria. Llegando al final nos desviamos a la izquierda por una pista, en
la que después de bajar y encontrarnos con un viejo cocedero de cal empezamos
otra vez una ascensión un tanto dura, ya que a parte de su pendiente el terreno
mojado dificultaba la circulación. Bajamos bajo un fuerte chaparrón y llegamos
a un pueblo donde en el bar, la regente nos
ofrece compartir mesa con una pareja de peregrinos franceses que van haciendo
el camino a pie. Después de la comida el camino, sin ser muy complicado, se
hace algo pesado pues era de tierra y estaba bastante embarrado. Finalmente,
evitamos un par de estos cogiendo una carretera que iba paralela hasta que
llegamos a Baamonde donde se encuentra nuestro albergue, sin duda, el mejor de
todos. Tenía un lavadero bastante apañado, cocina, salón, manguera para las
bicis y como el día estaba siendo fresco la calefacción estaba encendida con lo
que la aprovechamos para secar allí la ropa. Compartimos la mesa con la gente
que ya había allí y aprovechamos para contar algunos de los chistes que el
vasco nos contó unos días atrás.
Etapa
20. Baamonde – Santiago de Compostela
Salimos
de Baamonde con algo de frío y niebla bajando por una carretera que en seguida
nos lleva a un camino de tierra. Subimos por caminos y carreteras hasta los 700 metros donde
almorzamos y descansamos un poco. Seguimos la marcha por el mismo tipo de
recorrido, muy mojado y en algunos casos, embarrado, desde que entramos en
Galicia. Comemos en Arzúa y seguimos con la intención de fotografiar todos los
mojones kilométricos cada 10
kilómetros pero que no conseguimos por falta de señales.
En el último tramo se nos une otro ciclista, Cesar, que nos coge cuando
estábamos haciéndonos unas fotos. Continuamos y llegados al monte do Gozo nos
despedimos de Cesar, pues el se quedaba allí, para en seguida Luís y yo seguir
el camino hacia Santiago. El camino fue un poco caótico pues tuvimos que pasar
entre medio de muchísima gente que iban a un concierto. Entrando ya a Santiago
el sentimiento de satisfacción me inunda al ver que ya estoy en mi destino, mi
primer objetivo. El siguiente será llegar a Fisterra. Resumiendo un poco el día
ha sido frío, donde el termómetro no ha pasado de los 20 grados lo cual se ha
agradecido un poco. Ya en la plaza de Obradoiro, después de haber hecho varios
videos, nos hacemos fotos con gente que viene a preguntarnos pues el día es un
poco escaso de peregrinos. Después de cenar salimos a dar una vuelta por la
ciudad donde nos encontramos con una tuna rodeada de muy buen ambiente del cual
disfrutamos un rato.
Etapa
21. Santiago de Compostela – Fisterra
Después
de un día de descanso para ultimar detalles de vuelta y hacer algunas compras
hemos salido a la hora oficial y no la de los últimos días. Pasamos por la
plaza de Obradoiro, una plaza prácticamente vacía, a la que ya llegaban algunos
peregrinos. Seguimos por una calle hacia abajo que nos lleva directamente a un
camino de tierra con unas casas abandonadas y rodeado de muchísima vegetación y
hojas por el suelo. Nada más salir de la ciudad nos adentramos en una niebla
que según pasa el día se va haciendo cada vez más espesa. Llegamos a un pueblo
muy pintoresco donde nos hacemos unas fotos. Siguiendo el magnífico camino de
esta última etapa hacia Fisterra y después de almorzar en un barecito muy
pequeño nos vamos encontrando con multitud de peregrinos. Cruzamos un río que
según nos cuentan iba a ser el entorno para un campeonato de España de
piragüismo. Como las fuerzas, después del día de descanso no nos están
acompañando paramos a comer antes de lo normal. Después de comer y de varios
chupitos de orujo nos ponemos a contar chistes con el dueño del bar. Todavía
del repertorio del vasco de días atrás.
Seguimos, no con demasiadas ganas para continuar pedaleando entre nubes
en una etapa rompe piernas, de constantes subidas y bajadas. A 20 kilómetros del
final subimos un monte donde la niebla es la más espesa del día y desde donde
hacemos unos videos muy chulos. La bajada, primer punto desde donde podemos ver
a duras penas el Atlántico, nos lleva a Cee, una población que esta justo en la
otra parte de la ria de Fisterra. Tras seguir y subir a la parte que divide
ambas rías bajamos por carretera hasta la zona de Fisterra, cruzando varios
kilómetros por un paseo paralelo a la playa que nos lleva al propio pueblo de
Fisterra. Seguimos hacia delante pues nuestro camino acaba en el faro. La
emoción y las ganas de subir me dan alas para subir la ascensión hasta el faro
a un ritmo impresionante. Una vez en el faro, quemamos algunas de las prendas
del camino, como es tradición.
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